PORQUÉ LAS DIETAS NO FUNCIONAN Practica la alimentación consciente



Este verano he tenido la oportunidad de realizar una ruta por Canadá, concretamente desde Calgary hasta Vancouver atravesando las Rocky Mountain. De este viaje me llevo la conexión con la naturaleza, la paz que emana de los espectaculares paisajes, el placer de conducir entre montañas majestuosas y sobretodo la hospitalidad de sus gentes.


Pero hay dos cosas que han enturbiado estas dos semanas: por un lado los devastadores incendios que han devorado grandes extensiones de bosques en la Columbia Británica, el humo ocultó el sol durante semanas en la zona, y por otro lado la gran epidemia de obesidad que pude constatar, sobretodo en niños y adolescentes.


Empecé a observar con atención los mega-completos menús de los restaurantes, las excesivas raciones, la combinación de alimentos, la abundante publicidad de snacks, la permanente oferta de comida a todas horas y en cualquier lugar…, en definitiva, los hábitos poco saludables. Entonces pensé que algo se está haciendo mal en la lucha contra la obesidad y me sentí afortunada por formar parte de la población que basa su alimentación en la dieta mediterránea.


En EEUU y Canadá es obvio que existe un gran problema con la obesidad. Pero no nos relajemos, en nuestro país cada año los índices de obesidad aumentan, sobre todo en niños.


No se trata únicamente de un problema estético, es un problema de salud muy importante para el individuo en particular y para la sociedad en general. Y no creamos que solo es peligrosa la obesidad mórbida. No tener un peso saludable influye física y psicológicamente en el día a día de las personas.


Os propongo reflexionar sobre este aspecto de nuestra alimentación.


¿Qué nos ocurre con la comida? ¿Y con el peso?



Habitualmente nos focalizamos en “qué comer” y no tanto en “cómo comer” y esta es la razón por la que las dietas no siempre funcionan. ¿Quién no ha probado alguna dieta de moda o alguna pastilla quemagrasas a lo largo de su vida? ¿Quién no ha excluido grasas o carbohidratos de su alimentación o se ha obsesionado contando calorías con la ilusión de perder esos kilos ganados durante las vacaciones?


Con las dietas perdemos peso; sí, es cierto, pero en muchos casos para recuperarlo en poco tiempo a causa del temido efecto yo-yo. Cuando esto ocurre nos sentimos culpables, frustrados e impotentes, sabemos que hay alguna cosa que debemos cambiar…pero ¿por dónde empezamos?


Obviamente si queremos, o necesitamos por salud, hacer una dieta se impone la visita a un nutricionista, pero muchas veces la respuesta no está únicamente en los alimentos que ponemos en el plato sino que reside en nuestro interior, en la conciencia y la atención en el momento presente. Para entendernos “en estar en lo que estamos” tal y como nos decían nuestras madres cuando éramos unos adolescentes despistados.


La atención plena o Mindfulness puede contribuir a mejorar nuestra relación con la comida haciéndonos más conscientes de lo que comemos, cómo lo comemos y porqué. Se trata de prestar atención al momento presente, sin juicios, con apertura, curiosidad y amabilidad para con nosotros. No es una técnica, ni un método, ni una práctica mística, es una forma de vivir. El arte de vivir conscientemente.


El ritmo de vida actual, la multitarea y las continuas distracciones que sufrimos en nuestro día a día provocan que nos alimentemos de forma mecánica e inconsciente y esta situación es el perfecto caldo de cultivo para el aumento de peso y la obesidad.


Comemos cualquier cosa, rápido, a veces de pie, consultando el móvil, viendo la televisión, frente al ordenador, leyendo los correos del trabajo…comemos sin controlar qué, ni cómo, ni cuánto, con la cabeza en otro lado pensando en lo que haremos en un rato o lo que hicimos ayer…todo ello para ganar tiempo y salir corriendo de nuevo. Realmente ¿queremos vivir así? ¿Nos compensa?


La forma en que nos relacionamos con la comida es la clave de todo.


Cuando nuestra mente está atenta a cada bocado, paladeando el sabor, disfrutando del color y la textura de los alimentos, ya estamos practicando la atención plena. Esta atención la podemos integrar en la alimentación, en la actividad física y en cualquier otro aspecto de nuestra vida.




Al hacerlo aprenderemos a observar y ser más conscientes de cuáles son las motivaciones y los obstáculos que nos impiden llevar una vida saludable. Es necesario hacerse y responder con la máxima sinceridad una serie de preguntas.


¿Por qué comemos lo que comemos?

¿Cómo nos sentimos antes, durante y después de la comida?

¿Cuál es nuestra actitud hacia la actividad física?

¿Cuáles son la barreras, físicas, psicológicas, culturales, ambientales, que nos impiden alimentarnos de forma saludable?


A medida que somos más conscientes de nuestros pensamientos, sentimientos y emociones, estamos más preparados para empezar a introducir cambios en nuestra vida.


Emprender el viaje del Mindfulness nos ayuda a poner fin a acercarnos al fin de la lucha estéril contra el peso y a sus frustrantes consecuencias, a mejorar nuestra salud, la de quienes nos rodean y la del planeta. Todos estamos interconectados, lo que uno hace a nivel individual nos afecta a todos a nivel colectivo.


Para poner fin a los malos hábitos alimentarios, librarnos de nuestras frenéticas rutinas y ser plenamente conscientes de lo que ocurre en nuestro día a día, necesitamos parar, descansar y reflexionar de forma constructiva. Solo así podremos empezar a cambiar.

Si os animáis, os recomiendo un par de lecturas sobre el tema:

SABOREAR mindfulness para comer y vivir bien

Thich Nhat Hanh y Dra. Lilian Cheung

MINDFULNESS Y ALIMENTACIÓN

Como relacionarse con la comida de manera equilibrada

Susan Albers

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