La meditación y sus beneficios para la salud del cuerpo


Una idea muy extendida, cada vez menos pero todavía demasiado, relaciona la imagen de una persona meditando con la de un venerable anciano hindú en posición de yogui en camino de trascender la realidad.

Los seguidores del mindfulness y los lectores de este blog sabemos muy bien que eso no es así y que la meditación es un practica al alcance de cualquiera y que su finalidad no es alcanzar el nirvana (aunque sea maravilloso para quienes lo consigan) sino conseguir pacificar la mente y relajar el cuerpo en una consciencia plena del aquí y el ahora. En ese sentido la meditación sin ser una filosofía en sí misma es una actitud vital que derrama sus beneficios sobre nosotros desde el primer día.

Fijaros que he dicho mente y he dicho cuerpo. Explorar las relaciones de la una con el otro resulta fascinante en todos los sentidos pero especialmente cuando hablamos de salud corporal. En otro post me permitiréis que reflexione sobre el beneficio de la meditación en nuestro comportamiento social, en nuestro rendimiento laboral e incluso en nuestras relaciones personales más íntimas. La ansiedad, el estrés, los miedos, las inseguridades, los bloqueos, la pérdida de atención o de capacidades… en todo ello puede influir positivamente la meditación consciente. Pero nada nos resulta tan valioso como la sensación de encontrarse bien, relajado, lleno de energía.

La práctica constante y diaria de unos momentos de meditación conseguirán llevar a su punto justo, regular el cuentakilómetros, el termostato, la bomba de aire, la alarma de incendios… todos y cada uno de los “instrumentos” o sensores físicos que intervienen en el correcto funcionamiento de nuestro cuerpo.

Cambiando el ritmo de nuestro pensamiento influimos en el de todos nuestros órganos. Al meditar con nuestra mente estamos llevando a la meditación a cada una de las células que nos habitan.

No se trata de conseguir curarnos o ponernos en forma con solo meditar. Pero la meditación puede hacer que vivamos el dolor o el cansancio de una manera muy diferente. Cambia nuestra perspectiva del padecimiento porque no luchamos contra él, no somos reactivos, lo aceptamos. Lo integramos en nuestra consciencia de nosotros mismos, reducimos el sufrimiento secundario, no magnificamos el efecto de la enfermedad en nosotros, ampliamos nuestra capacidad de consciencia para que abarque también esa situación desagradable o difícil.

No olvidemos que al meditar tomamos la respiración como el vehículo principal de nuestra práctica. Ese solo hecho aporta incontables beneficios al organismo. Todavía recuerdo una de mis primeras sesiones de yoga cuando el profesor nos pidió con voz serena y relajada: “Llevad la respiración a esa parte del cuerpo en la que sentís tensión o dolor, respirad con la espalda, con el hígado, con las puntas de las extremidades….”. Parecía imposible pero no, era la clave de la percepción del cuerpo en el momento y en la situación exacta.

Porque no olvidemos que otra de las herramientas maravillosas de la meditación es la posibilidad de comenzarla con un "escaneo" del cuerpo. Una manera sencilla y natural que nos lleva a estar más a gusto y conscientes con nuestro cuerpo. Adoptando una postura cómoda (tumbados o sentados), recorremos el cuerpo con la conciencia, usando la respiración para relajar y masajear mentalmente las zonas de dolor y/o tensión.

Por tanto la meditación nos lleva al conocimiento de la mente y a la paz espiritual pero su práctica regular amplia los beneficios y ya nadie, ni la medicina tradicional ni los más escépticos, pueden ignorar correlación entre los efectos de la meditación y la salud física a largo plazo. Los caminos confluyen: buscamos la paz interior pero en esa búsqueda también encontramos la salud corporal.

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