AMOR AL SEGUNDO INTENTO


¡Sorpresa! Esta semana una buena amiga me comunica ilusionada que pese a haber prometido que no volvería a repetir la experiencia, se casa por segunda vez. Por otro lado, mis padres celebran sus 50 años de matrimonio ¡Toda una hazaña en estos tiempos! Ellos no han considerado necesario “renovar sus votos” como hacen muchas parejas para celebrar sus Bodas de Oro, pero llámenme romántica ¡A mí incluso me hubiera hecho ilusión!


Muchos pensarán que el hombre es el único animal capaz de tropezar dos veces con la misma piedra y que no es necesario casarse para vivir plenamente una relación de pareja, es cierto, pero también puede haber otra lectura al respecto ¿Que hay de la capacidad de ilusionarse? Recuperarla es el mejor tratamiento antiaging que tenemos a nuestro alcance.


Probablemente todos nosotros hemos vivido intensas historias de amor y desamor que nos han marcado y que para bien o para mal han ido llenando esa imaginaria “mochila” que todos llevamos a cuestas. Vivencias que, sin duda, nos han servido para crecer, para aprender de los errores cometidos y que nos han hecho reír a carcajadas pero también derramar más de una lágrima.


Y aún así, conscientes de lo complicada, e incluso hostil, que puede resultar la convivencia somos capaces de ilusionarnos de nuevo como si se tratara de la primera vez...tanto como para ¡volvernos a casar!


Cuando menos te lo esperas (que por cierto es el título de una encantadora comedia sobre el tema protagonizada por Jack Nicholson y Diane Keaton) sientes la necesidad de empezar una nueva etapa de la vida con quien consideras tu mejor compañero/a, amigo/a y amante.


La vida es así de imprevisible, cuando por fin nos sentimos a gusto con nuestra independencia y con mucha esfuerzo hemos conseguido una seguridad y un equilibrio de manual… ¡zas!...aparece la persona que hace que nos replanteemos nuestro modelo de vida. Será que tienen razón los psicólogos cuando afirman que solo cuando aprendemos a aceptarnos a nosotros mismos con nuestros defectos y virtudes, conseguimos que los demás nos acepten y nos quieran de verdad, sin pretender cambiarnos.


Si bien hoy en día las mujeres ya no soñamos con encontrar nuestro príncipe azul y no creemos en “…y fueron felices y comieron perdices”, incluso así, seguimos apostando por el amor. Y entonces ¿porqué tantos divorcios y separaciones? Los que rondamos o pasamos de los cuarenta, formamos parte de una complicada generación de transición. Posiblemente las niñas (y de pasada, los niños) de la época crecimos con un exceso de cuentos de hadas que intoxicaron nuestro sistema emocional creándonos demasiadas y equivocadas expectativas sobre el matrimonio.


Pero a estas alturas de la vida hemos comprendido que las personas no cambian, ni hay que pretenderlo. También somos más conscientes de lo que podemos esperar y lo que no de nuestra pareja y finalmente parece que hemos aprendido a querernos como es debido.


“La clave de un buen matrimonio es casarse con el otro sin divorciarse de uno mismo” sabio comentario del psicólogo y sexólogo Antonio Bolinches experto en relaciones de pareja.


Y entonces con tanta experiencia a cuestas… ¿Porqué no volver a intentarlo? Es un reto interesante y puede desembocar en algo muy bello. No hay edad para el amor ni tampoco para el matrimonio, si eso nos hace felices. Así que, a los valientes que este año han decidido vivir la experiencia de una segunda boda que sin duda será más auténtica y especial que la primera: ¡Muchas felicidades!

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